10 de marzo de 2011

Cuaresma. 40 días para dar vida.

El miércoles pasado los cristianos del mundo entero comenzaron la cuaresma, 40 días en que se acompaña a Jesús hacia su pasión, muerte pero, sobre todo hacia su resurrección.
Se trata de un tiempo para abrir el alma, replantearse la propia vida y fijar la vista en lo esencial y no lo secundario; en lo importante y no lo accesorio. Caminamos más llenos de cosas prescindibles de lo que pensamos. Acumulamos bienes y preocupaciones que solo ocupan espacio material y anímico. Éste es tiempo para dar lo mejor de sí, reencantar la propia vida y reconciliarse con aquello que nos hiere o entristece.
Cualquiera sea su credo, necesitamos una pequeña “cuaresma”, vale decir, tiempo pare reencontrarse consigo mismo y, de paso, con el Creador. Quien se reconcilia con su propia vida, será más feliz.
Esta cuaresma tiene un carácter especial: se trata de dar vida a otros. La fe real significa compartir y compartirse con otros. De ahí el lema eclesial para este tiempo: “40 días para cambiar historias, de ti también depende”. Nadie sobra en esta vida. Todos somos importantes. Nacimos para darnos. Y si una sola vida se salva, se dignifica por usted, ya habrá valido la pena.
De poco sirve la fe si no se lleva a la práctica, no se traduce en actos concretos, no hace que otros sean más felices, vivan en plenitud.
Leo algunas cifras de pobreza en nuestra patria y son para sonrojar a cualquiera. Hace unos días celebramos el día mundial de la mujer. Miles de mujeres se encuentran bajo el umbral de la pobreza. Y ser pobre y mujer en Chile, es ser doblemente pobre. Y a ellas hay que sumar miles en una situación precaria. Abandonadas, solas, maltratadas. Constituyen una herida sangrante para el país.
Cuaresma es el tiempo oportuno para hacer algo concreto por otros. Y no solo muchas mujeres sufren. Los segmentos juveniles son los que sufren de manera más aguda las situaciones de pobreza y desigualdad. Así lo dicen los indicadores de empleo, de pobreza e indigencia, los que los muestran entre los más abandonados y con menos proyecciones de vida. Como sociedad tenemos allí una deuda importante ¡Cuanta energía perdida en un joven sin horizontes ni posibilidades!
Ahora es el tiempo de ayudar y tender la mano a otro. Nunca es tarde para servir. Somos un pueblo solidario. Nadie es tan pobre que no pueda al menos darse tiempo para otro. Siempre hay alguien más necesitado que uno. Es cosa de abrir los ojos. Que no se le pase la oportunidad; que no se le pasen estos 40 días sin haber tendido una mano a ese prójimo que espera.

P.Hugo Tagle