25 de junio de 2011

Dedos y deudas limpias

El escándalo de La Polar da para muchas lecciones. Ya se ha dicho bastante sobre las renegociaciones unilaterales de los créditos, reñidos con la ley. Hay que esperar que las instituciones funcionen y se logre hacer luz sobre tanta turbiedad.

Debemos incentivar los negocios y la creación de riqueza, pero no a partir de medidas oscuras y turbias, reñidas con la justicia. Tampoco se debe hacer dinero a partir de la buena fe e ignorancia de la gente, la que muchas veces firma contratos porque se ve asfixiada, bajo amenazas y sin mayores alternativas. Lo que se ha dicho en todos los foros: muchos de esos clientes - a los que se les repactaron deudas sin conocimiento y con intereses usureros - hubiesen firmado igual el contrato, ya que no tenían otra opción. No es justo negociar con alguien que tiene el agua al cuello. Y eso lo sabían todos. Es de esperar que se acabe con esto de ofrecer productos en que sabemos de entrada que las posibilidades de respuesta de mucha gente es poca y nula.

Pero quiero tocar otra arista: la del deudor. Lo primero que se debe decir aquí - y que aún no escucho - es que se invite y se cree una política de endeudamiento responsable. Mucha gente debe varias veces su sueldo y se ve acogotada. En fin, a veces no había alternativa. Pero otras veces ha sido por franca irresponsabilidad, por dejarse tentar fácilmente ante ofertas aparentemente inocuas que, tirando raya para la suma, significan pagar tres y cuatro veces el televisor, refrigerador o estufa. Debemos crecer en políticas de ahorro y de mayor austeridad de vida. Sé bien que esto de los créditos ha ayudado a mucha gente a tener productos que, de otra forma, no los tendría ahora. Pero se ha sido imprudente en la aceptación de un mercadeo usurero que incita a actuar irresponsablemente. Se lucra a costo de la pobreza y necesidad de mucha gente. Y eso es inmoral.

A su vez, se debe ser responsable con los compromisos que se han adquirido. De ahí que, quien tenga deudas, debe responder ante ellas.

Es de esperar que esta debacle nos ayude a reflexionar y crecer en estilos de vida responsables, viviendo sin apariencias, con dominio de nuestras economías domésticas y familiares. A su vez, el comercio no debe dejarse llevar por un lucro fácil. La codicia rompe el saco. Y este el caso.

Mejor obtener ganancias de largo aliento, atendiendo a la realidad de los clientes y haciendo de ellos sujetos de derechos y no un simple rebaño de ordeña.

¡Qué simple es ser honesto con la vida y con el cliente! Es que al final del día, la verdad siempre triunfa.

P.Hugo Tagle

htaglem@uc.cl