
Con el tiempo, he llegado a la convicción que “educación” tiene mucho más que ver con disciplina, trabajo bien hecho, cumplimiento de la palabra empeñada que con más conocimientos. Es lo que observo como profesor universitario. Los mejores alumnos son los que cumplen los horarios, que trabajan a conciencia, que entregan las tareas en la fecha y hora fijada. Y quizá cumplir ahora con los plazos dados a los colegios, sea la mejor de las lecciones y contribución al mejoramiento de la educación.
Cada vez me convenzo más que a través del diálogo se puede lograr mucho más de lo que creemos. Así lo muestran las pocas conversaciones que tuvieron los actores involucrados en la discusión sobre educación. También haremos bien en acostumbrarnos a utilizar los canales que nos hemos dado como democracia, la misma que tanto nos ha costado construir que es fácil debilitar, como hemos visto en estas semanas. Por lo mismo, ojalá que sea ahora el parlamento y los representantes elegidos por todos los que tomen la palabra en esta materia.
Me ha quedado dando vueltas la forma original de recuperar las clases. El uso de internet, de guías y tareas para la casa, abre nuevas pistas para el mejoramiento de nuestra educación. Quizá son demasiadas horas las que se pasan en el colegio. Muchos países han reducido el tiempo físico en el aula y lo han cambiado por un trabajo más interactivo, sobre todo a partir de la adolescencia. La recuperación de clases en estos meses, a través de trabajo personal, es una variable digna de considerar para el futuro.
No se espante, pero me gustó la sugerencia de acortar los tiempos de vacaciones, sobre todo verano. Son tres eternos meses en que a los alumnos se les olvida hasta su nombre: marzo es, en muchos casos, sinónimo de comenzar casi de cero. No se trata de más horas, sino de espaciar mejor los períodos de clases de manera tal que se comience el nuevo semestre con la materia anterior aún fresca y las vacaciones no sea tiempo muerto.
P.Hugo Tagle
htaglem@uc.cl
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